Orgasmos

viernes, 6 de abril de 2012

010

-My Rasta Boy-


Aparecí en un barrio equivocado, no conocía a nadie y no sabía de que manera llegué; abrí los ojos y empecé a observar cada esquina, mientras todos me observaban a mí, hacía frio, en breve comenzaría a llover, a lo lejos y sin venir a cuento vi a un chico, alto, con rastas, eso me hacía interesarme por él, me atraía desde lo lejos y no quería imaginarme como sería de cerca, así que decidí ir hacía su lado, al acercarme me empecé a fijar en sus manos qué liaban libremente un porro, en sus labios qué me encantaban, su ropa qué me parecía increible pero seguro que me gustaba más sin ella, empecé a adorar cada poro de su piel, sin aún haber sabido como se llamaba. Al llegar, pregunté si tenía fuego, típica pregunta para ligar, pero él me miró empezó a sonreír y me ofreció una calada, en ese momento comenzó a llover, pero no nos mojabamos, estabamos refugiados. Al cabo de un rato, después de conocernos, lo empecé a desnudar con la mirada y él se daba cuenta, pero me dejaba porque estaba ansioso, el también quería; cada vez la lluvía era más fuerte, me cogió la mano para salir de allí donde estabamos, y empezamos a reirnos a carcajadas, nos paramos, nos volvimos a mirar y fue como una necesidad el besarle, corrí y le besé, de una manera fogosa; nuestra ropa estaba mojada, hacía frío y no importó, porque nosotros estabamos calientes; corrímos a su casa, estaba solo en ese momento, me invitó a entrar en su cuarto y cuando estabamos allí, se quitó la camiseta, se me acercó y me cogió la cara, volvimos a juntar los labios, me tiró en la cama y se puso sobre mí, me quitó la ropa incluso rompiendola, me beso cada milímetro del cuerpo y yo, yo más lo deseaba, me pusé encima y le mordí el labio, le bese el cuello, tiritabamos pero no importaba, solo era la simple lucha del frío y el calor en nuestro cuerpo, empezamos a movernos, arriba y abajo, no importaba el ruido ni la forma salvaje en la que lo haciamos, no importaban hasta donde pudieran sonar mis orgasmos, simplemente quería que jamás eso terminase. Al acabar, necesitaba volver a empezar, me beso con ganas, me abrazo y no tardamos ni un segundo en volver a lo mismo; deseo con ganas tener noches así, todos los días de mi vida.

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