Orgasmos

lunes, 18 de noviembre de 2013

40

Vamos a no fundirnos con ganas.


Ahí estaba, una chica como cualquier otra con ganas de comerse el mundo; y allí se encontraba ese chico perdido que encontró el placer de observarla. Al principio ni se atrevió a conquistarle su sexo, simplemente calló por miedo; pero ocurrió, ocurrió el día en el que él quería dejar de excitarse con ella solo con pensarla y le habló, le habló como no cualquier otro hubiera hecho, se sinceró, le explicó el por qué había venido a hablarle, y le preguntó si se había sentido molesta por hacerle saber que estaba necesitado de su sudor y sus palpitaciones a medio hacer en la cama. La verdad es que no es la primera vez para ella recibir tales palabras, pero si que era la primera vez que sentía tal complicidad con un extraño, era cierto que ella quería más, pero solo se quedó en un “vente a mi cama y hablemos”. Un hablemos que podría ser intenso y duradero o simplemente un hablemos que hubiera durado toda la vida, obteniendo el beneficio de la duda opto por permanecer inquieta en sus sueños para saber si aparecía y empezaba a deslizar su mano por el pantalón o la lengua por su cadera. Para él parecía ser nuevo, pero sin embargo le estaba gustando al igual que le estaba costando seguir, parecía que tenia las ganas que a otros faltaban pero que al final no podría poner en práctica, se había convertido en el coito prohibido, en la naturaleza lejana de la realidad. Querían fundirse esa noche y la verdad es que solo se fundió la luna que los unía.

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